Tras perder el partido de semifinales de la Champions League contra el PSG, calificado como uno de los mejores de la historia de la competición, Vincent Kompany dejó una reflexión que debería ser grabada en las pizarras de cualquier equipo que aspire a practicar, como él, el Juego de Ubicación: «Solo hay dos caminos: o vas con todo al ataque, o te defiendes con todo. El punto medio no funciona ante este nivel de jugadores». Pero es especialmente interesante la respuesta a la segunda pregunta:
– ¿Y en el siguiente partido harás lo mismo?
– Lo mismo no, más, mucho más.
Esta afirmación no es solo una declaración de intenciones; es la esencia misma de la supervivencia de una idea de juego proactiva. Los mejores proyectos pueden colapsar por la aparición del miedo.
El Miedo como Interruptor de la Idea
Cuando el escenario se vuelve crítico, es habitual que aparezca el miedo, que empuja a los jugadores (y a menudo a los entrenadores) a buscar refugio en un «punto medio». No es incorrecto, siempre y cuando este punto medio siga respetando las alternativas fundamentales del Juego de Ubicación: la organización del balón y las 3R (Redistribución, Reubicación y Recuperación).
Sin embargo, lo habitual es que el punto medio, disfrazado de plan de partido o de cambios para contrarrestar al oponente, olvide las potencialidades del propio equipo y de aquello que lo hace funcional.
Como bien dice Kompany, ese espacio gris es una sentencia de muerte. En términos de nuestra metodología, las intenciones de juego pasan a ser secundarias para contrarrestar las virtudes del oponente. De una tacada, se pierde la proactividad y la propia identidad de juego que caracteriza al equipo.
Lo mismo no, más, mucho más
Cuando trabajamos en el FC Barcelona con Paco Seirul·lo, nos decía que el Juego de Ubicación no tenía plan B. No existía el plan B. Parece un suicidio. Si las cosas no funcionan, ¿qué vas a hacer?
El equipo no es una máquina a la que, si no funciona, se le cambian unas piezas y se obtiene una nueva que funciona distinto. La identidad de juego se ha forjado a lo largo de muchos partidos y sesiones de entrenamiento, lo que ha conllevado el establecimiento de unas intenciones compartidas por todo el equipo y el staff. Esto no se puede cambiar de la noche a la mañana. Se pueden hacer adaptaciones a la idea de juego según la propuesta del oponente —las cuales explicamos en nuestro curso del Juego de Ubicación—, pero la identidad no es negociable.
La coherencia no es solo un respeto a lo que se ha venido haciendo durante la temporada; es el valor que permite que se haya podido construir una idea de juego bajo una forma determinada de actuar.
El Rol del Entrenador: Marcar la Senda
Un líder transformacional, en momentos de duda, no pide precaución, sino coherencia. El mensaje de Kompany refuerza nuestra visión del intercambio pedagógico: el jugador debe saber que, dentro de nuestra idea de juego, el único «error» real es la parálisis o la falta de convicción en las intenciones compartidas del equipo. Ser proactivo requiere una determinación absoluta.
«La única forma de ser eficiente a largo término es siendo valiente con tu propia identidad.»
Kompany marca el camino: el entrenador debe evitar, en momentos de tensión, que las dudas producto de los malos resultados puedan suponer comportamientos subóptimos en los jugadores.
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