En los últimos años, el vocabulario del entrenamiento de fútbol ha experimentado una notable evolución teórica. Conceptos que antes pertenecían exclusivamente a las ciencias de la complejidad o a la vanguardia metodológica ahora se repiten en ponencias, redes sociales y libros de texto. Sin embargo, esta popularización ha traído consigo un efecto colateral peligroso: la trivialización de los términos.
El ejemplo más claro de este fenómeno es la Situación Simuladora Preferencial (SSP), definida por nuestro excompañero en el Área de Metodología del FC Barcelona, Paco Seirul·lo. Hoy en día, es habitual escuchar a entrenadores referirse a cualquier rondo, juego de posición o partido reducido como «una SSP». Se ha convertido, erróneamente, en un simple sinónimo elegante de tarea de entrenamiento.
Nada más lejos de la realidad. Reducir una SSP a un mero ejercicio es vaciarla de su contenido pedagógico y metodológico. En ForeFront Football creemos necesario devolver el rigor a este concepto y desgranar qué implicaciones reales tiene su diseño si de verdad aspiramos a optimizar al futbolista.
SSP: Una definición estructural
Una SSP no es una tarea al uso que se copia de internet. Cuando Paco Seirul·lo acuñó este término, no estaba buscando una nueva etiqueta para los ejercicios de siempre. Definía un entorno donde el jugador vivencia las interacciones de una situación específica del juego real, pero con una preferencia (un foco de atención y estimulación) sobre algunos elementos concretos. Estos elementos se convierten en los objetivos prioritarios de optimización gracias al propio diseño y al uso adecuado de los constreñimientos.
Para que una SSP sea realmente efectiva, debe cumplir con cuatro aspectos que guían su implementación. Tal y como nos decía Seirul·lo, una SSP debe ser masiva, específica, con variabilidad y continuidad.
- Masiva: La intención a optimizar aparece suficientemente para que el jugador pueda practicarlo suficientes veces.
- Específica: Debe ser representativa del juego y de las situaciones reales que el equipo experimentará.
- En Continuidad: Debe tener un hilo conductor que conecte las intenciones a lo largo del microciclo.
- En Variabilidad: Debe presentar alteraciones constantes que obliguen al jugador a ajustar sus respuestas para mantenerse eficientes en las intenciones que está practicando.
Más allá de la definición, en nuestro curso del Entrenamiento del Equipo explicamos con detalle cómo diseñar de forma que se utilizen estos cuatro aspectos de forma correcta y eficiente para el equipo.
El equilibrio invisible: Continuidad y Variabilidad
Uno de los mayores retos para el entrenador al diseñar SSPs es gestionar la tensión entre la continuidad y la variabilidad.
Por un lado, necesitamos continuidad. El jugador no puede destinar tiempo de la sesión a descifrar las reglas complejas de un ejercicio nuevo cada día. Si la estructura de la SSP es familiar, el jugador ya tiene las fuentes de información identificadas. Sabe dónde mirar y de dónde proviene las fuentes de información relevantes.
Por otro lado, necesitamos variabilidad. Si repetimos la misma tarea sin alteraciones, el jugador automatiza, disminuye su atención y se detiene su proceso de aprendizaje. Introducir variabilidad dentro de la misma SSP (cambiar distancias, modificar el comportamiento de los oponentes, variar el número de contactos) mantiene la expectación y el interés, obligando al cerebro del jugador a autoorganizarse de forma constante para dar respuestas adaptadas a la novedad. Algunos procedimientos didácticos, como el juego de posición o el juego de situación, ya tienen una variabilidad inherente suficiente, sin perjuicio que el entrenador pueda añadir más si lo considera necesario.
El rol del entrenador: Diseñar el fluir de la práctica y el microciclo
La labor del entrenador en nuestro paradigma es puramente arquitectónica y pedagógica. No reside en expresar instrucciones directivas durante la práctica, sino en saber constreñir, ordenar y periodizar las SSPs a lo largo de la semana y de la temporada. La correcta secuenciación de las tareas dentro de la propia sesión de entrenamiento tiene un impacto directo en aspectos motivacionales y condicionales.
Diseñar una SSP es, en definitiva, crear un contexto de juego representativo de la idea de juego que se quiere practiicar. El éxito del entrenamiento reside en lograr que el devenir de la práctica fluya de tal forma que obligue al jugador a estar permanentmente tomando decisiones, a explorar soluciones que puntualmente puedan suponer salir de la zona de confort, y a comunicarse motrizmente con sus compañeros.
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